domingo, 11 de mayo de 2014

Jorge Barraza ve más firme a Colombia que a Argentina en Brasil 2014

Jorge Barraza, con aire de tango, firmando libros en FILBO 2014. Foto: La Pluma & La Herida
 Ricardo Rondón Ch.

La banda sonora en la vida personal y narrativa de Jorge Barraza son los tangos de Gardel, y de ahí en adelante una larga lista, con singular arraigo y devoción, como para haber bautizado ‘Último tango’ su columna de El Tiempo, que en septiembre próximo cumplirá 21 años, con la fortuita casualidad en su debut del 5-0 de Colombia con Argentina, en ese memorable, para la historia del fútbol criollo, 5 de septiembre de 1993.

Barraza, el barón de ‘Último tango’, tiene acuñado al ceño la pátina nostálgica de los gauchos rancios, cultores del tango empedrado de cuitas y añoranzas, de los buenos vinos en las barras de los bulines, y de los guiños seductores a las mujeres hermosas. Tango, belleza literaria, pasión por el fútbol, tertulia de amaneceres, libros, muchos libros, confluyen en la personalidad de uno de los grandes cronistas de la esférica, autor y editor de varios libros, y columnista en más de una decena de diarios y revistas latinoamericanas.

Con Brasil 2014 va para el 8°mundial, además de 13 copas de América, entre muchos otros torneos. Desde 1989 es director de la revista de la Confederación Sudamericana de Fútbol, y como la mayoría de las celebridades, no tiene anclaje propio, aunque su centro de operaciones y el hogar que comparte con su esposa y sus hijos, sea Buenos Aires.

Hoy está en Bogotá, en la Feria Internacional del Libro, presentando su más reciente obra: ‘Fútbol de ayer y de hoy’, y mañana en San José de Costa Rica compartiendo una conferencia con universitarios, y a la otra semana en Cartagena, dictando talleres de periodismo deportivo en la fundación que creó Gabriel García Márquez. Con él nunca se sabe.

Lo cierto es que es un tipazo en todo el sentido de la palabra. Un argentino atípico despojado de ese mito egocéntrico que se les endilga a todos aquellos que vienen del Río de la Plata y de provincias circunvecinas: cálido, estupendo conversador, con un humor heredado del repentismo borgiano. Sucede que uno podría invertir la noche entera con Barraza, no sólo hablando de fútbol, en su comprensión y análisis, en su catarsis como hincha y en su misterio impredecible en la cancha, sino, al mentar de Ortega y Gasset, “de la vida y sus circunstancias”.
Durante la presentación en FILBO 2014 de 'Futbol de ayer y de hoy': Gabriel Meluk, Jorge Barraza, Carlos Eduardo González y 'El Cole' como telón de fondo. Foto: La Pluma & La Herida
Lo seguimos una tarde y hasta la noche, justo desde la presentación de ‘Fútbol de ayer y de hoy’ (Ediciones B), conversatorio que contó con la presencia de Gabriel Meluk, editor de deportes de El Tiempo; Carlos Eduardo González, periodista y escritor deportivo; y ‘El Cole’, personaje emblemático de la hinchada criolla. Rematamos con Barraza en el stand de su editorial, en la firma de libros, donde compartió con simpatizantes y colegas. Al final concertamos la entrevista: una charla entretenida, pletórica de citas, anécdotas, y de sorpresivos vaticinios, como que ve más firme a Colombia que a Argentina en la próxima cita mundialista de 2014.

Conversación a ritmo de 2/4, que es el compás por antonomasia del tango rioplatense.

¿Cómo fueron sus primeros picaditos en el terreno narrativo? ¿Cuál fue el primer pellizco de escritor?

“Pienso que de niño tuve la llama interna del periodismo, la pasión de contar, de escribir, y en el oficio periodístico uno tiene esa actitud literaria hacia la palabra. Y a eso debo agregar la pasión por el fútbol. Juntados esos elementos en una coctelera, batís y te sale lo que crees que has narrado con el corazón. Me puedo equivocar en lo que escribo, pero lo hago con el latir del miocardio. Escribo con todo lo que tengo. Me gusta escribir en positivo, sobre lo heroico, lo épico, sobre las grandes victorias. Me gusta navegar por estas vertientes”.

¿Empirico?

“Fui empírico, en mi época –no soy tan viejo pero tampoco soy tan joven-, no había universidades de periodismo. Sí había institutos. Cumplí esa academia de tres años y me gradué en Periodismo deportivo. Empecé a trabajar antes de ingresar al instituto, lo hice para perfeccionarme. Empecé en Crónica, un diario muy importante que tiraba 750.00 ejemplares diarios en sus tres ediciones:  matutino, vespertino y sexta edición. Luego vino Gráfico, una de las mejores épocas, y de ahí en adelante todo lo demás”.

¿Qué máquina de escribir utilizaba?

“Olivetti”.

¿Hasta qué año escribió en ella?

“Hasta el año 1987, 1988, creo, que trajeron los primeros computadores analógicos, los de barritas, ¿recuerdas?, que no los aceptamos. Nosotros trabajábamos hasta el domingo, que era el cierre de la revista, te estoy hablando de Gráfico. El lunes descansábamos. Volvimos un martes y no estaban las máquinas de escribir. Habían puesto estos computadores. ¡¿Y esto qué es?!, nos preguntamos. ‘A partir de ahora, todo se va a procesar por computación’, dijo el administrador. ¡¿Cómo?!, no, yo quiero mi Olivetti, ¡¿Dónde está mi máquina?! Pero bueno, no tardamos mucho tiempo en comprender que la tecnología nos ha beneficiado enormemente. Nos ofrece múltiples posibilidades. Antes no borrabas por la bronca de tener que arrancar la cuartilla y tirarla al cesto. Hoy hacés lo que se te antoja: cambiar el párrafo inicial por uno que escribiste casi al final. O viceversa. Ahora puedes escribir en cualquier parte, desde el avión puedo enviar mi columna a 10.000 pies de altura. Es maravilloso”.

¿Cómo es ese sentarse a escribir su columna de ‘Ultimo tango’?, ¿cómo afloran las ideas?, ¿sigue algún ritual?

“El dilema más tremendo que acosa al columnista es el tema. Cuando hay tema es fácil porque se tienen las herramientas, los elementos, el oficio para desarrollarlo. Y en ese proceso puedo durar una hora”.

¿Es el tiempo promedio de elaboración de una columna?

“Sí, mientras la repienso, le doy vueltas, como digo yo, la dejó en ‘baño de María’, es decir un día antes de publicarla para darle los últimos toques, porque estás más fresco y tienes en mente otro enfoque. La mejorás enormemente. Claro, no se da todas las veces esa posibilidad. Lo importante es tener a mano el tema. Hay veces que no encontrás uno que te seduzca y te pasás todo el día y nada. Yo le digo a los muchachos de los diarios: ‘Hoy estoy en blanco’, y siempre hay alguien que me lanza el bote salvavidas”.

García Márquez le decía a su mujer Mercedes Barcha que le adornara la mesa de trabajo con flores amarillas. ¿Usted qué tiene en su escritorio?

“Yo tengo varias fotos de Gardel, que es una inspiración para mí. Tengo una foto con el ‘Polaco’ Goyeneche que es el más grande vocalista argentino de tangos, después de Gardel. Estoy rodeado de libros, que siempre me acompañan…”.

¿Cuáles, por ejemplo?

“Tengo muchos libros de García Márquez, de Vargas Llosa, de los escritores del ‘boom’ latinoamericano, Cortázar, Bioy Casares, Borges, soy muy borgiano, él ha sido como mi oráculo literario, por su erudición, su precisión,  su sentido del humor, esa increíble cuota de humor fino, tan esencial en sus relatos”.
'Vamos para Brasil 2014'. César Augusto Londoño y Jorge Barraza. Foto: La Pluma & La Herida
¿Cómo recuerda a Roberto Fontanarrosa, que por estas fechas, cuando se empieza a elevar la marea del mundial, evocamos con sumo aprecio?

“Para mí ‘El Negro’ fue un genio, igual que Maradona o Messi, sólo que desde otro ángulo, en su función de escritor, hincha y humorista. Un tipo que dijo, como recordó Meluk en la conversación: ‘Rosario Central es como mi vieja, la Selección es como mi tía’, una anécdota que tiene que ver con el amor que los argentinos profesamos por nuestros clubes, un amor más profundo que por la selección. Y otra de su genial cosecha: ‘El amor por el fútbol no se adquiere. Pasa como con el matrimonio o con las enfermedades: se contrae’”.

A partir de esa premisa, la de querer  más al club que a la selección, le escuché decir en el conversatorio de presentación de su libro, ‘Fútbol de ayer y de hoy’, que tiene más fe en Colombia que en Argentina para la Copa Mundo de Brasil. ¿Qué clase de argentino es usted? ¿En qué cesto arrojó el ego?

“Lo que pasa es que no veo a Argentina en el momento glorioso de épocas pretéritas. Ojalá me sorprenda. La realidad era una y ahora es otra. Pero si lo estamos viendo con el Barcelona. Valdano lo dice en mi libro: ‘Elijo el antes por la nostalgia del jugador, pero nunca hubo un equipo como el Barcelona’. Comparar el fútbol de ayer y de hoy es difícil. Me sostengo en la máxima de Adolfo Pedernera, que cita Hernán Peláez en este mismo libro: ‘Lo que veo hoy, lo vi antes, y lo que vi antes, no lo veo hoy’. ¿Te imaginás cuántos años tiene esa frase?”.

Pero insisto: ¿Ve más firme a Colombia que a la selección de Argentina en Brasil 2014?

“Es que en toda la eliminatoria Argentina no tuvo un partido que uno dijera, ¡es un equipazo! Veo a Colombia muy bien. Y puede llegar lejos. Contradigo cuando algunos conformistas predicen que si pasa a segunda ronda, está bien, ‘algo hicimos’. No. Colombia tiene cuerda para más, lo ha demostrado. Hay que ver los partidos de clasificación. Tiene un técnico como Pékerman que está mentalizado las 24 horas del día con el conjunto, que tiene experiencia, que sabe, que ha dado resultados. Lo que pasa es que Argentina tiene a Messi , que tiene la capacidad suficiente de definir el triunfo en el momento menos pensado.  Pero también está escrito que un jugador no gana un partido en solitario. Cuando hablan que Maradona ganó sólo el mundial del año 86, es un error. Argentina era un equipo que no deslumbraba, pero sí era muy plantado. Todos los jugadores trabajan muy bien y para un fin común. Si tenés un genio y el equipo sabe trabajar para ese objetivo, qué malo hay en eso. Pasó con Pelé, en Brasil; con Maradona, en Argentina; con Messi, en el Barcelona de Guardiola”.

¿Qué sorpresa ve para Brasil?

“Chile me parece que puede ser una sorpresa: tiene un buen equipo, un gran entrenador, muy buenos jugadores. Lo veo bien. Incluso Colombia puede ser otra gran sorpresa. Suiza me gusta mucho, pese a haber perdido contra Argentina. Lo que pasa es que uno no ve con frecuencia a los equipos africanos, a los asiáticos. Los vamos a ver en el mundial. De modo que es muy prematuro para lanzar juicios”.

¿Se puede definir la vida de Jorge Barraza en las siguientes palabras: fútbol, tango, buen vino y bellas mujeres?

“¡Buenooo!, que no sepa de este reportaje mi esposa. Pero sí. Yo digo esto: si me tengo que ir a una isla desierta y debo elegir tres cosas, esas serían: una mujer hermosa -la aseguro primero-, un contenedor lleno de libros, y un televisor para ver los partidos. Con eso ya estoy hecho”.

Tangos del alma que resuman la nostalgia del leído columnista de ‘Último tango’.

“'Sur’, de Homero Manzi, que es un tango histórico; ‘Uno’, de Discépolo y Mores; ‘Naranjo en flor’, de Expósito, que lo sé completo, y que cuando rondan vinos en la cabeza me animo a cantarlo, como lo hice alguna vez en una fiesta, a capela, en República Dominicana. Y, ‘Tres amigos’, de Cadícamo, que es un gran resumen de la nostalgia en la voz de Alberto Marino, con la orquesta de ‘Pichuco’ Troilo. Pero hay muchos. Es que el tango no se cansa de cumplir con el deber”.

¿Qué es el fútbol?

“Lo digo en el introito de mi libro: ‘El fútbol es el menos flemático y el más generoso de los legados que los ingleses le han dejado a la humanidad. Tan generoso que no nos han cobrado ni un penique por concepto de derechos de autor. En sabias palabras de ‘El Flaco’ Rafael, viejo compañero en la redacción de Gráfico: ‘Sin fútbol hubiésemos tenido que ir a trabajar en serio”.

¿Qué es ser hincha?

“Es el amor puro que no renuncia y lo es para toda la vida. Un amor que no envejece, que se conserva lozano desde el primer día hasta el final. Es dar todo sin pedir absolutamente nada. Es cumplir con fidelidad al estadio después de todas las derrotas. Es un montón de cosas hermosas. El que no lo es no lo puede saber porque no lo experimenta, pero es muy lindo. El hincha firma simbólicamente el contrato más serio del mundo, que nunca se viola. Pasa el dirigente, pasa el técnico, pasa el jugador, pero el hincha siempre queda ”.

¿Su idea de Dios?

“Alguien que está muy presente en mí, tanto que yo no digo, ‘el día 8 viajo a Bogotá’. Yo antepongo: ‘Si Dios quiere, viajo el 8 a Bogotá’.

¿Colombia?

“Yo cuando voy a Colombia me siento como si estuviera en Disneylandia, y vos que estuviste una tarde conmigo, lo has experimentado. Me siento como flotando, me tratan bárbaro, me siento a gusto. Y algo que me ha puesto a pensar: tenemos muchísimas más similitudes de las que creemos. La forma de ser, de pensar, es algo de estructura mental; las costumbres, los hábitos. Somos muy parecidos”.

¿Y las colombianas?

“Son las más lindas del mundo. Eso es indiscutible. Sólo volteá a ver… (risas)”.

¿Qué le inspiran unos guayos viejos?

“Un bello retrato. Me acaban de dar un libro (lo enseña). Mira lo que es la portada: son unos guayos, no muy viejos, pero sí untados de barro, trajinados. Es una maravilla. Dicen todo. El guayo habla de pasión, esfuerzo, entrega, solidaridad; de un montón de cosas que quedan ahí en la cancha. Algo similar a la nostalgia de los guayos son las paredes de un vestuario. Si esas paredes hablaran, las cosas que dirían. Cómo es un vestuario minutos antes de una final, las cosas que se dicen, el líder, el técnico, los temores, esos miedos que nos abrigan a todos”.

Es bien sabido que felicidad no funciona en literatura. ¿Le sucede lo mismo con sus columnas?, ¿fluye mejor cuando escribe de derrotas?

“Bueno, la derrota es muy inspiradora. Yo creo que  mis mejores notas son las necrológicas, porque hay dejás las fobias y rescatás lo mejor del personaje. Pero a mí me gusta lo de ahora, el fútbol moderno, escribir de las glorias, sensibilizar el juego, ponerme en los guayos del jugador y en la camiseta del hincha. La nostalgia también es eso. Y  con el transcurrir de los años uno está atado a esa nostalgia, por lo menos en el fútbol, desde el primer instante en que el papá de uno lo lleva al estadio a ver a su equipo favorito. Uno siempre estará ligado a ese sentimiento. Parafraseando a García Márquez en el magistral comienzo de ‘Cien años de soledad’, cuando el coronel Aureliano Buendía, frente al pelotón de fusilamiento, recordó aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Así pasa con el fútbol”.

¿Cómo sintió la muerte del Premio Nobel colombiano?

“Muy fuerte, porque se fue el más grande. Con el Gabo hablamos de fútbol una vez en un restaurante de Cartagena. Fue en 1995, cuando me invitó a dictar unos talleres de periodismo deportivo en su fundación. Quedé impresionado con su extraordinaria sencillez, no obstante el aura de su gloria narrativa. García Márquez logró esa inmortalidad que sólo algunos privilegiados alcanzan cada cien años”.

¿Qué es vivir?

“Vivir es disfrutar, vivir en positivo. Yo he tenido mucha suerte. La suerte de tener una pasión tremenda por el periodismo y por el fútbol, dos pasiones fundidas, y haber podido compatibilizarlas con lo que es mi trabajo, es decir, vivir de ambas, y el resultado ha sido una fiesta, vivir de lo que a uno le gusta. Es una gracia de Dios”.

¿Si volviera a nacer repetiría lo mismo?

“Desde luego, pero corrigiendo algunos errores. Volvería a dedicarme al periodismo y al fútbol”.

Citando a Borges: ¿Le duele una mujer en todo el cuerpo?

“Sí, porque la mujer es lo que lo motiva a uno en la inspiración, y lo que te hace sentir verdaderamente hombre”.

El amor en los tiempos del fútbol: entrevista de Jorge Barraza a Gabriel García Márquez:

La memorable columna de Jorge Barraza sobre del 5-0, publicada en El Tiempo

Carlos Gardel, inspiración de Barraza. Una hora de éxitos:

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