sábado, 10 de mayo de 2014

Santiago Roncagliolo: "Entre más canallas y lacrimógenas, más me gustan las telenovelas"

El escritor peruano Santiago Roncagliolo, presente en FILBO 2014. Foto: archivo particular
Ricardo Rondón Ch.

‘Óscar y las mujeres’ es una de las novelas más divertidas de la prolífica narrativa de Santiago Roncagliolo (Lima, Perú, 1975), escritor, guionista, traductor y columnista, quien obtuvo el cotizado premio Alfaguara en 2006 por ‘Abril rojo’, y más reciente el Barco de Papel (versión peruana) de literatura infantil en 2013, por ‘El gran escape’.

En ‘Óscar y las mujeres’, Roncagliolo, radicado en España,  aborda el tema de las telenovelas y su poderosa influencia en el nutrido público iberoamericano. Narra la historia de Óscar Colifatto, un tipo amargado, maniático, hipocondríaco y conflictivo, que siente desprecio por el mundo;  no obstante es el creador de las telenovelas de mayor impacto y audiencia en su entorno.

Bajo las premisas de que “el arte imita a la vida”, al decir de Artistóteles; “la vida imita al arte”, réplica de Óscar Wilde; y “la vida imita a la televisión barata”, sentencia de Woody Allen, el escritor peruano urde una trama cargada de humor e ironía, donde la ficción del protagonista, es decir, el libretista de telenovelas, está reflejada en los acontecimientos de su propia vida.

Roncagliolo es uno de los 60 escritores presentes en la 27° Feria Internacional del Libro de Bogotá, con Perú como país invitado de honor, escenario que aprovechó para presentar su más reciente novela, ‘Pena máxima’, también del sello Alfaguara. Habló de culebrones, del oficio de escribir, de su rol de columnista, de sus libros preferidos, del Perú y la diáspora, entre otros aspectos.
           
A propósito de ‘Óscar y las mujeres’, ¿Qué opinión le merecen las telenovelas, en esta última etapa, desplazadas por el boom de los realitys?

“Para mí las telenovelas siguen siendo un fuerte televisivo, sobre todo en países de habla hispana como Perú, Venezuela, Chile, Argentina y Colombia, grandes consumidores de eso que yo llamo cuentos de hadas para adultos. Pues resistirán justamente por esa necesidad de los mayores que esperan nuevos cuentos. Los realitys se imponen, pero eso no es todo el tiempo. El público de las telenovelas es numeroso y  de muchos años. En España, por ejemplo, hay un canal, Nova, que todo el día transmite telenovelas”.

‘Óscar y las mujeres ‘ es una divertida historia sobre el mundo de las telenovelas. En ‘La tía Julia y el escribidor’, Vargas Llosa relaciona su historia de amor con el espectro de las radionovelas. ¿Ha tenido alguna influencia en su obra?

“En realidad yo pensé  más en Woody Allen. Óscar es la versión latino-miamense de un escritor de psicoanálisis en Nueva York. Sin embargo, ‘La Tía Julia’ me encantó, y si alguien quiere compararlas, me siento muy honrado. Ninguna objeción”.

¿Qué piensa de aquellas  personas, la mayoría hombres, que son adictos a las telenovelas pero por pudor no se atreven a comentarlas?

“Más que pudor yo diría que por hipocresía. Yo no veo razón para que una persona que le gustan las telenovelas se sienta menos que otra que no le gustan. Yo veo telenovelas porque las encuentro graciosas, divertidas. Entre más pérfidas, lacrimógenas y canallas, más me gustan. Me hacen desternillar de la risa. Yo fui en alguna época escritor de telenovelas. Podría decir que es la escritura mejor paga que existe”.

¿Qué opinión le merecen las telenovelas mexicanas, y qué influencia pudieron tener éstas en su novela?

“Las telenovelas mexicanas tradicionales están obsesionadas por la virginidad de sus protagonistas. Usé muchas de ellas para crear a Óscar, porque el tema de mi novela es la masculinidad. Es divertido pensar que el ideal de la telenovela, en el fondo, es un mundo sin sexo. Además de ese matriarcado implícito en ellas. ¿Has visto? El hombre termina siendo un papanatas. Eso las hace más atractivas”.

¿Qué diferencias encuentra entre la telenovelística  gringa y la latinoamericana?

“Las telenovelas gringas son sagas familiares. El tema es la progenie, los lazos entre padres e hijos, y duran generación tras generación. El culebrón es una historia de amor. En cuanto los amantes se consuman sexualmente, se acaba. Por mucho que intentes estirarla, es muy difícil mantener virgen a esa pobre chica durante más de 120 capítulos”.

¿Quién le inculcó el amor por los libros?

“Mis padres, devoradores de literatura. Mi madre es escritora”.

En literatura, ¿cuánto tiempo promedio invierte en escribir una novela?

“Escribo un libro al año, aunque no siempre son novelas. Podría escribir menos pero tendría que buscarme un trabajo. Y como están las cosas en España, no es el mejor momento”.

Ha escrito sobre todas las miserias humanas (violencia, desamor, pobreza, corrupción, guerras, etc.) en el universo de esta infelicidad. ¿Cree que somos menos infelices en los países tercermundistas?

“Debe ser porque no tenemos los índices de obesidad que hay en los países desarrollados, Estados Unidos, por ejemplo. Pero en literatura no funciona la felicidad, a no ser que te encarguen un libro de publirreportajes. En la novela, los personajes deben estar rodeados de conflictos, taras, problemas. Y mientras más gordos, mejor”.

¿Cuáles son sus películas favoritas?

"’Mejor imposible’, con Jack Nicholson. ‘Stranger than fiction’, también me encantó. Y ‘La rosa púrpura del Cairo’, que es una joya. Me encantan las historias sobre cómo las ficciones cambian nuestra vida. ‘Óscar y las mujeres’ es eso”.

¿Cuáles son los temas más recurrentes de sus historias y cuál es su libro favorito?

“Un tema del que escribo mucho es la soledad. Mis personajes siempre están un poco solos contra el mundo. Lo han perdido todo, pero intentan sacar la cabeza del agua. Y decir cuál es mi libro favorito es difícil. Pero mientras escribía ‘Óscar y las mujeres’ pensaba mucho en Philip Roth. Aunque Óscar tiene menos testosterona que Philip Roth”.

¿Qué opina de los escritores latinoamericanos de su generación? ¿A quiénes recomienda leer?

“Por nombrar solo los que me parecen excelentes: Juan Gabriel Vásquez, Guadalupe Nettel, Patricio Pron y Alejandro Zambra. Creo que ellos hablan de América Latina de nuevo, pero lo hacen con una voz fresca. Andrés Neuman también me gusta mucho. Es muy creativo y sensible”.

¿Por qué las telenovelas ejercen fascinación en el mundo iberoamericano?

“Quizá porque es el lugar donde más se habla de la vida privada y donde el chisme es rey.  Un escritor no es más que un gran chismoso. Casi todas las otras culturas, incluso la europea, son más reservadas en general. Por eso ellos no hacen culebrones. Pero las telenovelas se consumen en España, China, Rusia o Grecia. Les da pudor decir esas cosas, pero les encanta escucharlas”.

¿Recomiende tres libros que atrapen de verdad a la juventud, ante tanta literatura ligera y facilista que abunda en las estanterías?

“Ya está: ‘El teatro de Sabbat’, de Philip Roth:  ‘La Tía Julia y el escribidor’,  de Vargas Llosa; y ‘El Resplandor’, de Stepehn King”.

¿Qué le dejó la experiencia de publicar la novela por entregas? ¿Cómo surgió?

“Fue idea de la editorial. Odio decirlo, porque fue una idea muy buena. Mucha gente pudo tener ‘Óscar y las mujeres’ antes de que llegase a librerías, y a mejor precio. Ojalá se me hubiese ocurrido a mí”.

Alguna vez habló de cuando llegó a España, sus primeros trabajos, lo difícil e injusto para un latinoamericano que se lanza a esa aventura. ¿Ahora con la crisis, ha cambiado en algo ese trato?

“Yo creo que, en general, la española es una sociedad muy abierta y muy libre. Sacar los papeles fue un infierno, pero no importaba, porque la vida en España siempre me ha encantado. Ahora vamos a ver cómo los tratamos nosotros, porque ellos empiezan a emigrar a América Latina”.

¿Cuáles son los escritores peruanos y españoles que más lo han influenciado o enriquecido?

“Para mí la mejor novela española es ‘El Quijote’, pero al parecer, nadie se ha dado cuenta de que es una comedia. Si se aclarase eso con más frecuencia, más gente podría reírse con ella”.

¿Qué dice de su faceta de columnista? Da la impresión de que cada vez habla más de su vida privada. ¿Por qué?

“Creo que lo único que un columnista puede aportar honestamente es su punto de vista. No como gran intelectual, o como ideólogo, sino como ciudadano normal, que va al médico, tiene hijos y paga impuestos. Escribo pensando que otra gente común y corriente puede sentirse reflejada en lo que pienso. A veces también te odian, pero es parte del trabajo”.

¿Qué tiene España que terminó viviendo en ese país?

“Vida, mucha vida.  Me gusta la sociedad española, de hecho, a veces más que los mismos españoles. Es una comunidad muy libre, madura, acogedora. Y por si fuera poco, se come bien”.

¿Qué le ha aportado su experiencia de traductor?

“La traducción te enseña a apreciar los pequeños detalles, los matices de cada palabra, los guiños. Es un gran complemento para el periodismo, que te enseña a contar una historia con efectividad”.

Las telenovelas son el placer prohibido de la televisión. Y de la literatura, ¿los ‘best-sellers’?


“En México venden historietas eróticas muy graciosas pero completamente impresentables. Me encantan. Es lo único que escondo cuando mis amigos van a casa”.

Diálogo de Santiago Roncagliolo en la cátedra Alfonso Reyes, en México:
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