domingo, 1 de febrero de 2026

'Balada triste de trompeta' para el veterano trompetista Adolfo Castro Peinado, en sus 50 años con la Orquesta de Lucho Bermúdez

 

A sus 88 años, el prolífico músico y compositor de San Marcos, Sucre, desempolva los archivos de su imparable carrera artística que inició en la adolescencia

 Ricardo Rondón Chamorro 

Adolfo Enrique Castro Peinado (88 años, San Marcos, Sucre), prolífico músico de innumerables orquestas, y de hace medio siglo trompetista y director adjunto de la big band de Lucho Bermúdez, camina rumbo a su vivienda al compás de un paseadito pelayero, apoyado en su sombrilla negra. La melodía irriga su sangre, de ahí que lleve el ritmo en todo el cuerpo.

A su avanzada edad, como él sustenta, se privilegia de un cuerpo sano que nunca ha sido herido por el bisturí quirúrgico. Solo se frunce de su franciscana pobreza, de la ingratitud y el olvido; y del oído izquierdo que está perdiendo audiencia. Por eso recomienda al entrevistador: "por favor háblame por el oído derecho".

El maestro Adolfo, sin fatigas, llega al modesto apartamento, en arriendo, que comparte con su última familia, en el barrio popular Costa Azul, localidad de Suba. En la sala, sin inmutarse, aguardan sus mascotas: Tom, un erizado gato persa en fase beige, que intimida por las bolas de miel de sus ojos, y Toby, un anciano Golden Retriver de mirada triste, que prestó servicios al Ejército. 

Álbumes de fotografía, inventario de recuerdos memorables de su vida y obra musical.  Foto:  Ricardo Rondón

La nostalgia del veterano músico, aún vigente, corre por cuenta de su inagotable labia, y de tres robustos álbumes de fotografía, registro sentimental de una gran porción de su historia musical. 

El encanecido trompetista señala una foto de los años 70, sonando la trompeta con Fruko y sus Tesos en los estudios de Espectaculares JES. El negro y espumoso afro look de su juventud es hoy una fina mota de algodón que contrasta con los ojos azules que cautivaron a decenas de mujeres, en el periplo de su agitada vida, entre ellas las cinco con quienes engendró 12 hijos.

-¿Cuál fue la primera?-, le pregunto.

Trinidad Serpa. Con ella tuve 5 hijos. Fui papá de Adolfo Rafael, a los 17 años. El único que salió músico, de 72.

-Y la última de sus mujeres...

Con su instrumento insigne, en la galería de los inmortales de la Salsa y el Jazz, de Audiófilos Latin Concept. Foto:  Ricardo Rondón

Gladys Esther Benavides Hurtado, enfermera soledeña, cincuenta años menor que yo, madre de dos hijas: Anay, de 33  -de otra relación, que yo adopté- , y Lina María Castro Benavides, de 16, mi 'Cubita', karateca y aspirante a ingresar al Ejército Nacional.

Gladys afirma que vive en rejunte con Adolfo desde 2007. Está pendiente de sus controles médicos, y a veces le rescata de la memoria un dato, un nombre, un lugar, o una fecha, cuando a su marido se le va la paloma: "Le recuerdo hasta las mamás de sus hijos" -agrega-: Myriam Gómez, la cuarta; Mireya Tinjacá, la tercera; Gloria Cerquera, la segunda; Trinidad Serpa, la primera, y yo la última". El veterano músico se carcajea.

El cuadro familiar va tomando un tinte macondiano: la perorata de Gladys Esther que simula una Petra Cotes de Soledad, Atlántico; su hija, la karateca; el minino visajoso, el perro que fija conmovida su mirada en el rostro de su amo y, en medio, el trompetista de marras, apoltronado, desenredando el kilométrico ovillo de su inagotable vida y obra, mientras repasa las páginas de los álbumes.

-En qué año llegó usted a Bogotá, maestro.

-En 1961, cuando me vine a tocar con la Orquesta Casino Tropical de Sincelejo, en el Gril Colombia, que quedaba en la carrera 10ª, entre 24 y 26. El dueño era un músico español, de cuyo nombre no me acuerdo, pero Bogotá era una fiesta continua. Había música en vivo por todo lado-, exalta Castro.

De fiesta en fiesta 

El veterano trompetista Adolfo Castro Peinado, de 88 años, oriundo de San Marcos, Sucre, acompañado de sus mascotas en su vivienda en arriendo, del barrio Costa Azul, localidad de Suba. Foto:  Ricardo Rondón

¿Han visto la dramática puesta en escena de Balada triste de trompeta, de Raphael? ¿El monstruo de la canción española maquillado y envuelto en los colorines de un joven payaso que canta al desgarro el lamento profundo de un pasado estancado en turbias aguas? De algo va la añoranza senil del músico sanmarquero al vaivén de la piragua de sus remotos recuerdos.

-Mira, aquí -continúa-, estoy con la Orquesta de Lucho Bermúdez, en el gril Colombia, en Bogotá. Esta otra, con la Tropibomba, que dirigía el maestro Ramón Repaín; esta con la Orquesta Candilejas, de Fernando Artuz, en el gril Candilejas de Chapinero, y con los Hermanos Martelo, del maestro Antonio María Peñalosa; aquí con la Orquesta Dilido, en Medellín; y con la Italian Jazz; acá estoy con la Orquesta Sonolux que tocaba los bailes del Club Campestre de Medellín, que  era la capital discográfica de Colombia...

-Maestro- le interrumpo en una pausa que él hace para mojar el índice y pasar las siguientes páginas-: a usted lo que hay que preguntarle es en qué orquestas no ha sonado, porque hasta ahora va en el comienzo de su primer álbum, y quedan dos. 


El polifacético músico sanmarquero con Gladys Esther Benavides Hurtado, su última mujer, de 49 años, de Soledad Atlántico. Foto: Ricardo Rondón

-Con Lucho Bermúdez en qué año inició.

-En 1976, lo que quiere decir que ya estoy cumpliendo 50 años. Con Elías Paz, el cantante, que debe estar por los 82, 83, somos los únicos músicos originales que seguimos presentes. Y eso se lo debemos a Patricia Bermúdez, su hija, y directora de la orquesta, que heredó el talento de su padre, y nos ha tenido en cuenta para no desaparecer. A mí Patricia me consiente porque me acerco a los 90, y me lleva a donde vaya la orquesta.

-Cómo era trabajar con Lucho Bermúdez.

-Disciplina, estudio, elegancia y respeto por el público. Esas eran sus cláusulas y se siguen cumpliendo. Tuve la oportunidad de acompañarlo en sus giras por Colombia y en el exterior. Recorrimos los más selectos clubes de las capitales. Por fuera, en los años 70, estuve con él en Maracaibo; en Nueva York duramos un mes; me pagaba 4.000 pesos por cada fin de semana. En Curazao estuvimos otro mes. Tocamos en el Hotel Holiday Inn y en el Intercontinental. Fueron muchas giras y gratos recuerdos. Espere tantico que aquí van saliendo más fotos.

-¿Y en Bogotá, maestro?

-Ni se diga. Lo que eran Lucho Bermúdez, Pacho Galán, Los Hermanos Martelo y Los Caribes, de Luis Núñez, mandaban la parada en la capital. Yo también toqué con Los Martelo y con Los Caribes, pero Lucho lideraba, porque era el que más sonaba en la radio, y porque su música se vendía como pan. Por eso le daban prensa y contrata.

A los 13 años aprendió a interpretar la trompeta, orientado por el maestro Juan de la Cruz Piña Arrieta, director de la Banda  San José, de San Marcos, Sucre. Foto: Ricardo Rondón

-¿Quiere recordar cómo eran esos bailes de clubes en Bogotá?

-De dedito parado, como decían las señoras. Primaba la elegancia y el galanteo. A las damas se les pedía permiso de baile, pañuelo en mano. La big band ocupaba todo el proscenio con sus respectivos atriles. Los músicos vestidos de smoking negro, camisa blanca de cuello pajarita, corbatín negro o vino tinto, y zapatos negros como espejos. 

-Y de cuáles clubes se acuerda.

-De todos, porque los bailes de sociedad se hacían en los clubes más encopetados: el Jockey, el Gun Club, Los Lagartos, el Club del Comercio, el Gril Colombia y el Monserrat, estos dos últimos, comerciales, pero de caché, que estaban ubicados en el centro. También tocamos en el Salón Rojo del Hotel Tequendama, en el Teatro Colón en el Jorge Eliécer Gaitán. Es que tocamos en muchas partes, pero la memoria no me alcanza.

-Y en el Club Metropolitan.


Adolfo Enrique Castro Peinado le ha dado varias vueltas a Colombia con las grandes y recordadas orquestas, entre ellas La Tropibomba, la de los Hermano Martelo, Los Caribes, y la de Lucho Bermúdez, con la que, en 2026, celebra 50 años. Foto: Ricardo Rondón


-Oye, no me acuerdo de ese club.

-Maestro, el Club Metropolitan funcionó en un sótano de la carrera 8ª con calle 14. Un salón enorme con barra circular al ingreso, y otra, al fondo, en el gran salón, de la que se decía que era la más extensa de Sudamérica, con más de 50 butacas de cuero, y un decorado púrpura al estilo del parisino Moulin Rouge. 

Entre el umbral y las escaleras existe todavía el letrero del Club Metropolitan, con una galería de fotos de Lucho Bermúdez y su orquesta, y algunos carteles de sus bailes. El club tenía ingreso por la calle 8ª y por la Séptima. Tiempo después, en ese mega local, estuvo el Café Billar San Francisco (de los esmeralderos). Luego, el Cuban Jazz Café (de Salsa y Jazz), y en su última etapa, un restaurante mexicano que ha estado cerrado por reparaciones. 

-Oye, me dejas loco con el dato. Pero si dices que ahí todavía están las fotos de Lucho y de la orquesta, pues ahí también debo figurar yo. Porque a donde iba Lucho Bermúdez lo seguía con su trompeta Adolfo Enrique Castro Peinado.

-Seguro, maestro.

El origen

El veterano artista, acompañado de su hija Lina María Castro ('La Cubita'), y de Gladys Esther Benavides, su mujer. Foto:  Foto: Ricardo Rondón

Pero, cuándo, cómo y debajo de qué piedra salió nuestro insigne trompetista, como han surgido la mayoría de virtuosos músicos y compositores de antaño, algunos que lograron, por lo menos, estabilidad económica; otros sumidos en la ruina y el abandono, como Crescencio Salcedo, quien murió vendiendo flautas de millo en la banca de un parque de Medellín, con un letrero que decía: "Aquí no se pide limosna. Aquí se venden flautas a 100 pesos".

Castro, a sus casi 90 calendarios, vive en arriendo. Su único caudal ha sido una vida entregada a la música, las giras, los aplausos, y las palmaditas de hombro de los políticos de turno, entre otros saurios de mañosa fama. En todos sus años de carrera musical, no se le ha hecho el reconocimiento que se merece, que no sea un cartón o una lata, que no sirven para nada, sino un techo seguro para abrigar a su familia.

El relato del origen parte de un muchachito flaco, callado -como lo reseña el investigador musical sanjuanero Édgar Cortés Uparela-, a quien su madre Manuela decide entregar al cuidado de su abuela Ceferina. El niño se cría con una primaria a medio cursar. En la soledad de sus días, les saca sonidos, entre labios, a las hojas de naranjo y laurel, para imitar las fanfarrias de los cobres de la Banda San José de San Marcos. 

Con un tarro de lata y dos palitos, intenta simular el vibrato del redoblante, hasta que llega, providencial, Abraham Núñez Narváez, años después destacado clarinetista de Los Corraleros de Majagual, quien lo instruye en el toque de un redoblante profesional.


A los 13 años aprendió a interpretar la trompeta, orientado por el maestro Juan de la Cruz Piña Arrieta, director de la Banda  San José, de San Marcos, Sucre. Foto: Ricardo Rondón

El director de la banda San José de San Marcos era Juan de la Cruz Piña Arrieta (padre de Carlos y Juan, de la Orquesta Revelación), quien ve en Adolfito su potencial. Por ahí despega su leyenda de talentoso músico polifuncional.

Piña ensayaba con su banda en la casa grande de doña Ceferina, matrona de temple. Allá se camuflaba Adolfo, extasiado. El maestro Piña, poco a poco, le fue soltando el flautín, el bombardino y el trombón. Como vio que al mozalbete le sobraba pulmón y era afinado, lo adiestró en gramática y solfeo. Y no tardó en pasarle la trompeta. 

Adolfo saltaba de contento de tener entre sus manos el anhelado instrumento; y mientras se adaptaba a la fina boquilla, le sangraban los labios y la punta de la lengua. El sacrificio le fue compensado cuando su mentor y profesor le dijo: "Adolfo, juicio, muchacho, que eres el nuevo trompetista de la banda". 

Con esa credencial y la trompeta, Adolfo Castro Peinado, apenas un quinceañero de mentón barbecho, inició un viaje por aldeas y sabanales del Caribe, en fiestas patronales y particulares, corralejas, galleras, y hasta en cabarets y lupanares como la afamada Caseta de los Cocos, en Sincelejo, a escondidas de su abuela que, de enterarse, le habría sangrado el pellejo a punta de rejo.


Castro Peinado, como director adjunto de la Orquesta de Lucho Bermúdez, en el Festival Nacional de Bandas de Anapoima, Cundinamarca, en 2024. Foto: Ricardo Rondón   

Sincelejo, Sahagún, Corozal, Sincé, Ayapel, Planeta Rica, Magangué, San Andrés de Sotavento, Tolú, Coveñas, San Bernardo del Viento, entre otros pueblos y caseríos del Golfo de Morrosquillo, marcaron su itinerario aventurero con la Banda San José, y un cartapacio apretado de partituras de porros, gaitas, fandangos, cumbias, paseaditos, puyas, fox. trox, valses, danzones y macumbas, de las primeras de repertorio del maestro Francisco Zumaqué.

Entre la Caseta de los Cocos y La Gigantona, otra de las más frecuentadas de la capital sucreña, Adolfo se rodeó de directores y músicos que empezaban a hacer historia: Calixto Ochoa, Aníbal Velásquez, Lisandro Meza, Eliseo Herrera, Clímaco Sarmiento, José Pianeta Pitalúa, Lucho Argaín, Nacho Paredes, José María 'El Ñato' Montes, Antolín Lenes y su orquesta Orense, con su vocalista Lucy González; el bombardinista Remberto Agámez, y su compadre Alfredo Gutiérrez, entre otros, de un histórico patrimonio de memorables bandas y orquestas.

La luz que avanza 


En su época dorada de compromisos artísticos y viajes a granel, esta vez con la gran folclorista Totó La Momposina. Foto: archivo particular

-¿Recuerda, maestro Adolfo, cuál fue su primera salida de su pueblo, San Marcos, con la banda San José, del maestro Piña Arrieta?

-Cómo no me voy a acordar, si tiene una anécdota bien jocosa. Yo todavía no era un piernipeludo, y mi primer toque como trompetista, fuera de mi pueblo, fue para unas fiestas en Sahagún. Cómo te parece que a los músicos nos hospedaron en un cuarto de una casa donde no había luz. Cuando regresamos de tocar a la madrugada, encendimos una vela y la pusimos encima de algo que parecía una piedra. 

Como llegamos cansados, los compañeros descargaron instrumentos y quedaron profundos de sueño. Yo era el único despierto. Al rato, me estremezco de miedo cuando veo la luz de la vela avanzar por el suelo. ¡Virgen santísima!, grité. Esta casa está embrujada. Todos despertaron alarmados. Cuando fuimos a ver, no podíamos de la risa al saber que habíamos puesto la vela sobre el caparazón de un morrocoy. 

Su amado instrumento de viento, compañero inseparable de una fecunda e imparable carrera musical. Foto:  Ricardo Rondón

De esa primera salida, cuenta Castro Peinado, siguió una ruta sin treguas, con bandas y orquestas, por ciudades y  provincias de Colombia, cumpliendo a compromisos del congestionado calendario fiestero: el Carnaval de Barranquilla, pasando por el Festival del Bambuco, en Neiva; la Feria de Cali, el Festival Folclórico del Pacífico, en Buenaventura, hasta la Fiesta del Caimán Cienaguero, en Magdalena; de una incontrolable suma de festejos en un país acostumbrado a celebrarlo todo, y a saltar de la euforia pachanguera a la desazón suprema de calamidades y contratiempos.

En ese arduo camino se fue haciendo arreglista, productor, compositor, copista de disqueras. Aprovechó su estancia de dos años en Medellín para perfeccionar estudios de solfeo y armonía en el Conservatorio de la Universidad de Antioquia, con el prestigioso maestro Álvaro Rojas, quien lo relacionó con Edmundo Arias ('Cumbia Candelosa', 'La Butifarra de Pacho'), de quien se ganó su amistad y confianza.

Con los grandes


 
Adolfo Castro Peinado y su trompeta con la big band La Magdalena, del samario Carlos Vives. Foto: archivo particular

Hay una foto de la Colombia All Stars, de 1979, iniciativa de Jimmy Salcedo, Ley Martin y Julio Ernesto Estrada 'Fruko': la de reunir los mejores músicos del país con la ilusión de integrar una especie de Fania criolla que destellara en el firmamento de la Salsa como la de Jerry Masucci. Lastimosamente el proyecto no avanzó como vibraban las expectativas. Dicen que solo duró "96 horas". 

Fueron varias las razones del ultimátum: La mayoría de los artistas eran directores o músicos de grandes orquestas del país, empezando por Fruko, y el capital para sostener esa selección Colombia de música latina, era astronómica. En esa foto del recuerdo, aparece con su trompeta Adolfo Castro Peinado, acompañado de otras lumbreras -unas que siguen brillando ('como 'Fruko'), otras que han fallecido, unas más estancadas en la nostalgia y el olvido:

Armando Escobar, John 'Saxon' Gaviria, Juan Piña, Wilson Viveros, Julio Estrada 'Fruko', Ley Martin, Jimmy Salcedo, Armando Manrique, Augusto Villanueva, Willie Salcedo, Gustavo García 'El Pantera' (en esa época idéntico al Jaime Bateman del M-19), John Lee Casale, Gabriel Rondón, Jorge Gaviria, Alberto Barros, Adolfo Castro Peinado, Gilberto Hernández, Joe Arroyo, Piper Pimienta, Wilson Saco, Juan Piña y Joe Madrid, quien luego de una carrera promisoria en el Jazz y la Salsa, terminó tocando su teclado, conectado a una bala de oxígeno, en bares de La Candelaria y La Macarena, en Bogotá.

En su provechoso periplo artístico, el maestro produjo varios discos. Aquí con un álbum de su propia agrupación: Adolfo Castro y sus Afrocosta. Foto:  Ricardo Rondón

-Mira, Rondón, esta foto -exclama exaltado Castro Peinado-. Aquí estoy con Matilde Díaz y Celia Cruz-, nada más y nada menos. Esta con Pete 'El Conde' Rodríguez, con él toqué. Mira, con Richie Ray y Bobby Cruz. Esta otra con mi propia orquesta: Adolfo Castro y sus Afrocosta; ese álbum lo grabó Fuentes y lo conservo. Aquí estoy con los muchachos en el Hotel Sheraton de Sao Paulo, Brasil.  Mira, con la Orquesta La Magdalena, de Carlos Vives. Esta otra, viejita, con Lucho Bermúdez en Nueva York. Ay, esta fue de cuando tenía un grupito con el que amenizábamos los viajes, ida y vuelta, del Tren de La Sabana, de Bogotá a Nemocón y a Zipaquirá. 

-Maestro -apuro-, no me va a alcanzar el espacio para incluir todas las agrupaciones con las que ha tocado.

-Y eso que no te he nombrado las orquestas y los solistas con quienes he grabado, o les he hecho arreglos: La Sonora Cordobesa, Los Hermanos Martelo, Emir Boscán, la Orquesta Frenesí, la Orquesta Kalamari, de Rafa Benítez, la Orquesta de Juancho Torres, la Italian Jazz; la Orquesta del 'Ñato' Montes que me grabó un porro titulado 'Macumberita', que suena sabroso.

Le hice arreglos a Julio Jaramillo; acompañé con la trompeta a Helenita Vargas, a Galy Galiano; y a Celia Cruz y Matilde Díaz, con la Orquesta de Mario Cuesta; grabé con Clímaco Sarmiento, y en vivo, para su programa, toqué con Jimmy Salcedo. Ah, y con Los Caribes, la orquesta infaltable en el Club Cartagena, para los reinados de belleza.


La postal con el jalajala de Richie Ray, no podría faltar en la egoteca del maestro Adolfo Castro. Foto: archivo particular    

-Maestro Adolfo, usted también tocó con la Orquesta de Marcos Gilkes. ¿Se acuerda?

-¿Marcos Gilkes? A ver le echo cabeza...

-Sí señor, en Bogotá, en el radio teatro Caracol de la avenida 19 con octava. La de Gilkes, panameño y beisbolista, era la orquesta de planta del Gran Show de Hebert Castro, comediante uruguayo, que se transmitía a la una de la tarde, en vivo, y que presentaba Jorge Antonio Vega. Me consta, porque no me lo perdía, y ahí figuraba usted con su trompeta.

-Ah, sí, claro, el 'Negro' Gilkes, gran músico, un tipo de un humor genial. Gracias por recordarme.

-¿Qué otros porros de su autoría, fuera de 'Macumberita', ¿grabó usted?

-El porro 'San Marcos', que le hice a mi pueblo, en memoria del maestro Juan de la Cruz Piña Arrieta, y los porros 'Síguela, síguela', 'Si me voy te llevaré', espera recuerdo cuál otro..., ah, y una cumbia que grabé con mi compadre Alfredo Gutiérrez, que se llama 'Tócame la cumbia'.

Castro Peinado hace una pausa en el repaso de sus álbumes fotográficos. Le pide el favor a su hija Lina María de que le alcance la trompeta. Con delicadeza frota el cobre con una bayetilla. Lleva el instrumento a sus labios, toma aire y toca los primeros acordes del porro 'San Marcos'.

Con el inolvidable animador y presentador Fernando González Pacheco, en los tiempos de Sabariedades. Foto: archivo particular

-Vaya, maestro, venga ese aplauso. 

El veterano músico dibuja en su rostro un gesto de humildad y nobleza.

-Qué privilegio que, a su edad, siga interpretando la trompeta.

-Pero ya no como antes. Desde 2017 no la sigo tocando en forma. El desgaste de los años pasa factura.

-Cuántas trompetas habrá tenido...

-Como media docena. Algunas se me han extraviado. Otras me las han robado. Una de ellas en un atraco aquí en Bogotá, cruzando un puente peatonal. Me queda solo esta...

Oye, ven y miras -se emociona el longevo músico- Estas fotos, son de los programas de televisión. Aquí, con Pacheco, en Sabariedades. Esta, en el Show de las Estrellas, con Jorge Barón, y esta otra en Espectaculares JES, de don Julio E. Sánchez Vanegas; aquí estoy en una grabación de Música Maestro, la telenovela, con Pacheco, María Cecilia Botero César Mora, y otros artistas... Es que se me escapan los nombres. Hice como cinco telenovelas.


El maestro Adolfo Castro con el empresario, melómano y coleccionista bogotano Hernando Gómez. Foto: Ricardo Rondón

-Maestro, ¿usted tiene una pensión?, ¿de qué vive a la orilla de sus años?

-Me llegan 482.000 mil pesos mensuales de SAYCO, por regalías, y un millón cada tres meses por mi legado musical. El Ministerio de Cultura me aporta 700.000 al mes por mi trayectoria; cuando hay presentaciones con la orquesta de Lucho (Bermúdez), Patricia me da una bonificación. Alcanzo a reunir casi tres millones mensuales. De ahí toca sacar 950.000 del arriendo, más los servicios, el mercado, la pensión de la niña y otros gastos. Llego ahorcado al fin de mes.

-En San Marcos, su pueblo natal, ¿le han hecho algún homenaje?

-Nada, pero lo que se dice nada. La ingratitud de la vida.

-Pero se la ha gozado maestro: ha tocado con las mejores orquestas, ha viajado, ha vivido de fiesta en fiesta, lo han amado...

-Ah, eso sí. A mí nadie me quita ni lo bailado ni el Peinado.

El maestro Adolfo fija su mirada en los ojos melancólicos de Toby. El amo pasa la mano por la cabeza del anciano perro. Algo se dicen en el coloquio patafísico más íntimo del mundo.

La balada triste de trompeta, ha terminado.

Share this post
  • Share to Facebook
  • Share to Twitter
  • Share to Google+
  • Share to Stumble Upon
  • Share to Evernote
  • Share to Blogger
  • Share to Email
  • Share to Yahoo Messenger
  • More...

0 comentarios

 
© La Pluma & La Herida

Released under Creative Commons 3.0 CC BY-NC 3.0
Posts RSSComments RSS
Back to top