lunes, 16 de enero de 2017

Cubano Leonardo Padura, invitado BBVA al Hay Festival Cartagena

El autor de la laureada novela 'El hombre que amaba a los perros', uno de los atractivos de la programación del Hay Festival Cartagena de Indias 2017. Foto: Héctor Garrido 
Ricardo Rondón Ch.

Hereje, parricida (tuvo el coraje de matar a su padre Hemingway en una novela), ladrón esporádico de libros en los años universitarios, adicto a los Populares (versión cubana de los Pielrrojas colombianos) y a los helados de fresa y chocolate del Coppelia, como en la película que protagonizó su amigo Jorge Perugorría; exiliado en su propio patio, con un amor de más de 30 años que también es una novela, Leonardo de la Caridad Padura Fuentes (La Habana, Cuba, 1955) es el narrador que más se ha aproximado en su obra al cubanismo literario, en la legitimidad de su lenguaje local, después de Guillermo Cabrera Infante, su alter ego, uno de los dinamos que le encendió la chispa del oficio narrativo a partir de sus lecturas y relecturas de Tres tristes tigres.

Porque en el principio fue la pelota caliente en las calles destapadas del barrio Mantilla, provincia de Arroyo Naranjo, a quince minutos de La Habana. Pretender seguir los pasos del legendario Pedro Chávez, el pelotero amateur de Industriales, capaz de echarse al hombro al equipo para conquistar el campeonato, no pasó de ser una quimera que con los años se fue trasmutando en una realidad concreta y poderosa con el oficio de la escritura.

Igual, Padura no ha soltado el bate. Y la pelota cosida sigue siendo un fetiche en la segunda planta de la casa paterna, la misma del abuelo y la del bisabuelo, que él  ha habitado con su mujer Lucía López Coll (su crítica de cabecera), en medio de estanterías repletas de libros de viejo, carpetas con manuscritos inéditos, ceniceros atosigados de colillas, y una herrumbrosa bicicleta china que él o su cónyuge utilizan para ir de compras por el barrio, o simplemente para romper el tedio de esas tardes tórridas de guaguas (microbuses) despaciosas y pandilleritos al destete que retozan la rumba reguetonera en las bancas de los parques.

La famosa foto de Leonardo Padura con la lente del argentino Daniel Morsindzki: "Nadie llega más lejos que su sombra". Por supuesto que el escritor jamás se ha dado por vencido.
El bate, simbología de un batallar incesante del autor con las letras, como el yunquero con los metales más indómitos; y la pelota, el satélite de sus avanzadas literarias, como en el diamante, que varias veces ha sacado del estadio hasta cruzar el Atlántico y posicionarse en Madrid (España) como uno de los autores latinoamericanos de primer orden en la flamante editorial Tusquets, a partir de su premiada novela El hombre que amaba los perros, epifanía de un León Trotsky refugiado en México que termina asesinado por un mercenario a órdenes de Stalin, un tal Ramón Mercader, quien después de abrirle el cráneo al rancio líder bolchevique con un hacha como lo hizo Raskolnikov en Crimen y castigo con su vieja casera, se pierde por los laberintos del Barrio Chino de La Habana, bajo el nombre de Jaime López. Tremenda historia.

Padura no hubiera podido retratar la realidad cubana en su fragor y crudeza de haber emigrado a otros lares, como hicieron la mayoría de escritores e intelectuales durante las arrasadoras borrascas de la dictadura.

Nadie como él para husmear y contar el trasegar de la Isla en diferentes períodos, sin ponerse de uno o del otro bando, primero como cronista de largo aliento en vespertinos de gran tiraje, y a posteriori como crítico de cine y literatura, y editor en  publicaciones emblemáticas como El caimán barbudo o la Gaceta de Cuba, hasta llegar a las grandes ligas de la literatura cubana, jonrón tras de jonrón, como en su momento lo hicieron Lezama Lima, Reynaldo Arenas, Eliseo Alberto y el mismo Cabrera Infante.

No en vano, su labor sin treguas y el brillo de su literatura, agregado a su arraigado estoicismo, le han valido el preciado legado de la novelística más importante y reveladora -junto a la de Pedro Juan Gutiérrez (Trilogía sucia de La Habana)- de las última décadas en Cuba y en Latinoamérica, con sonora repercusión en el mundo hispanoparlante.

Padura, en su casa del barrio Mantilla, a 15 minutos de La Habana, con el telón de fondo de su biblioteca. Foto: Agencia EFE
De hecho, resalta Padura Fuentes, que en el tramo más angustiante del régimen castrista, el llamado período especial, comprendido entre 1990 y 1995, el colapso económico que puso al país entre el destierro y la desesperación, fue el encierro monástico en su casa del barrio Mantilla el que arrojó la escritura de tres novelas, el guion de una película, un ensayo de 600 páginas a partir de la tesis de grado de Lucía, su mujer, sobre Alejo Carpentier, la edición de dos libros de periodismo, y una selección de cuentos de varios autores cubanos: la lucidez en su plenitud ante los demoledores embates de la crisis.

"El escritor cubano que vive en la isla -ha dicho Padura- se ha convertido en uno de los más importantes recolectores de la memoria del presente que tendrá el futuro".

Lo sostiene desde el entorno familiar y cultural que a fuerza de penurias y necesidades se acostumbró a luchar y gozar la adversidad con el humor y el desenfado que hace tiempo es arte y parte de la idiosincrasia nacional; de esa fórmula aplicada a ingeniárselas para vivir con lo poco que se tiene, él, Leonardo Padura, que se sonroja cuando le preguntan de qué lujos materiales se jacta, y él responde que de un Subaru de segunda que adquirió con parte del Premio Princesa de Asturias que le confirieron por la totalidad de su obra, incluida su saga policíaca Pasado perfecto, génesis del detective Mario Conde, llevada al cine con Jorge Perugorría como protagonista, y ahora como serie para Televisión Española.

Por supuesto que a un cubano trajinado y macerado a contracorriente como Padura, lo que menos le interesa son los artificios materiales. Si todavía monta la herrumbrosa bicicleta china para los mandados caseros, y el Subaru plateado solo para los paseos que, muy de vez en cuando -por sus frecuente idas y venidas de España, donde está nacionalizado por honrosas simpatías literarias-, realiza con su esposa por la provincia cubana.

Ella, Lucía, sí es una de sus joyas entrañables, a tenor de que le ha dedicado la mayoría de sus cuentos y novelas. Dice que ya llegaron a ese punto decantado del amor, que sólo un guiño, un gesto o una sonrisa bastan para revelarse lo que están sintiendo, para conversar lo necesario, y sortear, por salud mental, sus silencios, espacios y tiempos.

Otros lujos que no tienen precio: ser el primer autor cubano que en la historia de Casa de las Américas (máxima rectora de la cultura cubana), le haya dedicado su esquiva y privilegiada Semana de Autor, como sucedió en 2012, el mismo año en que le otorgaron el Premio Nacional de Literatura; o las reuniones de amigos donde no puede faltar el lechón con fríjoles, el ron y la cerveza Galeón, todo el Latin Jazz, y sus discos de salsa preferidos, Siembra, de Rubén Blades, Solo ellos pudieron hacerlo, de Willie Colón y Celia Cruz, y  entre otros, los compilados del Grupo Folclórico Nuevayorkino, que él considera como esencia, espíritu e identidad de la salsa.

El responsable de éxitos editoriales como El hombre que amaba a los perros, Havana gold, Adiós Hemingway, La neblina del ayer, Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, La novela de mi vida, Aquello estaba deseando ocurrir, entre un sinnúmero de recopilaciones de cuentos, obra crítica y ensayística para cine y literatura, y memorias periodísticas como El viaje más largo, que data de sus primeros años de reportería, cuando escribió crónicas monumentales como la verdadera historia de la Virgen de la Caridad del Cobre y del Ron Bacardi, reta el enunciado de la foto del argentino Daniel Morzindski que ilustra este artículo, y que subraya que nadie llega más lejos que su sombra.

Padura, que lo ha demostrado con creces, nunca se cansará de intentarlo. Y el pulso lo tiene intacto.

*Leonardo Padura es el invitado especial del BBVA Colombia al Hay Festival Cartagena de Indias 2017, que se llevará a cabo entre el 26 y el 29 de enero. El prolífico autor cubano disertará alrededor del oficio y su obra con el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince en el Teatro Adolfo Mejía, el sábado 28 de enero a partir de las 5:30 p.m., uno de los grandes atractivos de la programación.

Amplíe información y prográmese para el Hay Festival Cartagena: http://bit.ly/2itf8Z0

Leonardo Padura, entre el periodismo y la literatura, BBC Mundo: 
http://bbc.in/2iDcsWU
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