jueves, 19 de marzo de 2015

Gustavo Gómez: "La Luciérnaga sigue en primer lugar"

Con cifras técnicas en su poder, Gustavo Gómez revela por qué La Luciérnaga, que él dirige, sigue siendo el programa radial preferido de los colombianos. Foto: Archivo particular
Ricardo Rondón Ch.

Esta semana, Gustavo Gómez Córdoba entró al tercer mes como director de La Luciérnaga (Caracol Radio), luego de haberle recibido en diciembre de 2014 a Hernán Peláez Restrepo, quien condujo el segmento más oído de la radio en Colombia por espacio de 22 años.

Polémicas y controversias por el retiro de Peláez, y luego por el abrupto despido de Gustavo Álvarez Gardeazábal, han sido comidilla diaria en todos los medios, redes sociales, y por supuesto, el grueso de los oyentes en toda Colombia, quienes en finadas cuentas tienen la última palabra.

Noventa días podrían ser escasos para el capitán recién llegado en su propósito de equilibrar las cargas y hacer hasta lo indecible, con su tripulación a bordo, desde luego, para que el barco no se vaya a pique, después de más dos décadas de un éxito irrebatible.

No cabe duda de que Gómez se la ha jugado contra viento y marea al frente de La Luciérnaga, con ideas nuevas, ajustes necesarios y una personalidad y criterio propios para sacarla adelante, y por ningún motivo, ni siquiera en pesadillas, permitir que naufrague.

Los resultados técnicos saltan a la vista y el propio Gustavo los confiere en esta entrevista de largo aliento, la primera que se publica de él este año, al mando de La Luciérnaga.

¿Cuántos frascos de valeriana se ha tomado desde que asumió la dirección de La Luciérnaga?

“La valeriana me daña el Zacapa. El primer día me hubiera tomado todo el que me hubieran servido, pero el equipo del programa me cuidó los pasos y me apoyó en medio de las controversias naturales por el retiro de Hernán Peláez y la salida de Gardeazábal”.

¿Le enciende una veladora todas las noches a Santa Marta, intercesora de los imposibles y de las causas perdidas?

“Los jesuitas me pusieron a leer desde chiquito y me fueron enseñando, sin proponérselo, que las deidades son, como decía Lennon, conceptos a través de los cuales medimos nuestro dolor. Solo creo en la gente. Y no en toda”.

¿Ya llegaron a su escritorio los primeros reportes de medición de La Luciérnaga o prefiere que no lleguen?

“Llegaron, y nos alegraron la vida a todos. Algunos misántropos presagiaron que el programa se iba a derrumbar y que la audiencia iba a huir despavorida. No pasó. Francamente esperaba un bajonazo muy pronunciado, apenas explicable por la ausencia de Hernán Pelaéz, sumado a que el estudio mide muchos días de fin de año en que no estamos al aire y, obvio, toda la controversia por no haber mantenido a Gardeazábal en la mesa. Nos situamos a considerable distancia de las otras cadenas y solo hubo una merma del once por ciento de oyentes, y creo que es natural. Le doy un ejemplo muy diciente: en el desglose de meses de la muestra, en febrero subimos 40 mil oyentes frente a enero. Hay una tendencia muy positiva y La Luciérnaga modelo 2015 sigue de primera en el gusto de los colombianos”.

¿Qué le ha dicho ‘La Fiera’ (su esposa) de su nuevo rol? ¿Recibe consejos de almohada?

“‘La Fiera’ me tiene perfectamente domesticado, pero debo aclararle que en mi casa se hace lo que yo digo… siempre y cuando mi mujer lo autorice. Es una gran oyente de La Luciérnaga, entre otras, para saber en qué ando por las tardes”.

¿Cómo le ha cambiado la vida en casa?

“Antes podía pasar más tiempo con mis hijos y solían encontrarme en casa al llegar del colegio. Ahora me levanto a las 5:30 am. para desayunar con ellos y montarlos al bus, y vuelvo a verlos a las 7:30 pm. No es fácil; ha sido duro”.

¿A qué horas se le enciende el bombillito de La Luciérnaga para empezar a botar corriente?

“Después de que los niños se montan al bus del colegio, subo al estudio y arranco a leer prensa y a oír radio”.

También participa en 6AM. Se ha especulado incluso que está en proceso de regresar…

“Desde hace muchos meses, cuando acepté dirigir La Luciérnaga, comenté en la empresa que debíamos fortalecer el concepto de cadena. En casa tengo un sistema que me permite participar en cualquier espacio de Caracol. Hace poco estuve en el Carrusel del Fútbol y esporádicamente pregunto en alguna entrevista de Darío Arizmendi. De la misma manera, hace unos días Diana Calderón nos acompañó en La Luciérnaga y estamos planeando hacer giras conjuntas de varios programas. Tengo muy claro que estoy siempre disponible para mis colegas de casa, y sé que puedo también contar con ellos”.

¿Cómo ha sido ese proceso de adaptación con el equipo?

“Muy satisfactorio. La Luciérnaga es un programa de equipo, es una All Stars. Esto no es una gran figura conduciendo a unos actores de reparto. No. Aquí lo que hay es talentos sorprendentes. Los periodistas, los imitadores, los libretistas… profesionales únicos, verdaderos artistas”.

¿Cuál de todos los integrantes es el que le ha dado más guerra?

“Le doy mi palabra de que no es una respuesta diplomática y vacía: ninguno”.

Y en lo personal, ¿qué ha sido lo más difícil de superar?

“La comprensible tristeza de muchos oyentes por la ausencia del Dr. Peláez. También lo extraño, porque era un fiel oyente del programa. Pero se trata de una decisión que él tomó con cabeza fría y en atención a su felicidad. El mejor homenaje es mantener vivo el programa y hacerlo con el grueso de su equipo”.

De todos los cambios que ha hecho en lo que corresponde a contenido, ¿cuáles cree que son los que más le han funcionado?

“El programa es básicamente el mismo, solo que hay toques que son propios de la personalidad del director, como la música, la duración de las imitaciones, la entrada de los segmentos de humor, el hecho de participar más en lo periodístico y muchas otras cosas.  Quien venga después de mí también impregnará La Luciérnaga con su manera de sentir el mundo”.

El rol de ‘Dora la explicadora’ es una de las novedades más relevantes. ¿Usted lo escribe? La joven que lo interpreta es muy talentosa.

“Lo hace de cabo a rabo Liss Pereira, que es una de las más jóvenes del equipo. Hace muchas otras cosas preproducidas con esmero, usando voces de políticos, música y efectos. Es talentosa, natural y muy sintonizada con la manera en que los jóvenes perciben el mundo”.

Lo que sí es una verdad de a puño es que Paulo Laserna no era lo que usted esperaba. Reconózcalo. Y en eso coincide el 90% de la audiencia. Lo demuestran las redes sociales. ¿Qué ha pensado hacer al respecto? Porque si se va Laserna… no se va a notar para nada.

Laserna es un crack. Su estilo es diferente, es un hombre más reposado, muy centrado y de mirada profunda en la actualidad. Última palabra”.

En el terreno humorístico no ha habido mayores variantes. ¿Está satisfecho con lo que tiene o ha pensado renovarlo?

“El equipo base es el mismo, pero hemos dado vía libre a nuevos personajes y parodias. Compro todas las ideas que se les ocurran a los artistas del programa”.

¿No cree que a veces Don Jediondo se ‘pasa’? Sobre todo cuando le mama gallo directamente a usted. ¿Lo ha tenido que parar extra-micrófonos?

“El encanto de Pedro es que hay límites prohibidos que cruza a toda velocidad. No se me ocurriría ‘pararlo’, porque su magia es precisamente ser como es. En la vida aprendí a usar el humor como elemento de acercamiento a los demás y no me molesta cuando la gente me lo aplica. Nada más tedioso que alguien que no sabe burlarse de sí mismo”.

¿Jairo Chaparro, el libretista, también es adicto a la valeriana?

“Es adicto al Santa Fe”.

 ¿Es cierto que a las seis de la mañana ya está timbrándole a Chaparro para enterarlo de los temas del día?

“No, yo lo dejo que duerma. Conversamos tipo 11:00 am. y ahí sí ya quedamos sintonizados todo el resto del día. Es un tipo excesivamente talentoso, uno de los sólidos pilares del programa. Si algún día se fuera, me tocaría dejar a mi mujer y proponerle matrimonio a Chaparro. Claro que, si se me permite escoger, primero me casaría con Alexandra”.

Qué bueno que Alexandra Montoya esté tomando partido en el opinómetro del programa y no necesariamente desde su calidad de imitadora, como lo ha venido haciendo desde hace veinte años.

“Tiene una voz preciosa y la lengua muy bien conectada a las neuronas. Me encanta que opine, que traiga información, que participe en la mesa de trabajo. Tiene criterio periodístico, jurídico y, lo más importante, un corazón bien calibrado”.

A punto de graduarse como jurista de la Universidad del Rosario, ¿será que ‘La Patojita’ aspira a las altas cortes? De ser así, ese sí que sería un bajonazo considerable en La Luciérnaga. Aconséjela... pero que no sea demasiado tarde. 

“No la dejaría ir a las altas cortes. Ella es una persona honorable”.

¿Es cierto que a Pascual Gaviria le gusta la hierba o es pura mamadera de gallo?

“Fui a Medellín y pude comprobar que, efectivamente, le encanta. De hecho, un par de veces nos echamos sobre la hierba a charlar. Siempre lleva un par de aguacates envueltos en una edición del periódico ‘Universo Centro’. Raro, pero con él uno siempre termina echando carreta sobre la hierba y comiendo aguacate”.

¿Cómo es el ejercicio de hacer y dirigir La Luciérnaga, Gustavo, desde que se despierta de madrugada a pensarla  hasta que le pone punto final a las 7:00 de la noche?

“Uno tiene La Luciérnaga por cárcel. El solo hecho de salir al aire al final de la tarde lo obliga a uno a estar en función del ‘qué ha pasado’ a toda hora. A las siete de la noche uno vuelve a ser persona, pero lo está esperando el trancón de camino a casa”.

¿Sale mamado? ¿Qué acostumbra hacer cuando llega a casa?

“Sí, se gasta mucha energía todo el día. En casa acompaño a los niños en su última hora antes de ir a la cama y veo con mi mujer cosas muy relajantes como ‘The walking dead’”.

Esa presión y responsabilidad, ¿por lo menos ha contribuido a restarle unos kilos de peso, o sigue la dieta rigurosa de la nutricionista?

“No puedo bajar de peso: me pagan en Caracol Radio, no por hora, sino por kilo”.

¿Qué es lo que más extraña del ‘parche’ de 6:00 AM y Hoy X Hoy?

“Todo. Darío y su gente son un equipo-familia. La risa de Érika, el agnosticismo de César Augusto, la obsesión animal de D’arcy, la dulzura de Patricia, los picos de Diana Uribe, las barbaridades de Raventós, la rapidez de Santiago Rojas y el contacto con los periodistas del servicio informativo en la mañana”.

¿Cómo ha oído a Érika Fontalvo, su sucesora en la franja matinal de Caracol?

D’arcy conduce de 10 a 11 am un programa muy fresco, con temas de interés general, buenos testimonios y tono cálido. Y Érika de 11 a 12 am. se echa todo Bogotá al hombro y lo hace con un criterio envidiable. ¡Un par de berracas!”.

¿Le para bolas a todo lo bueno y malo que dicen de usted en las redes sociales o en los blogs de algunos diarios?

“Las redes son una fuente de información y un termómetro de  sentires, pero el periodista que crea que las redes sociales le dictan qué hacer o no hacer, tiene que tomar un curso intensivo de criterio e independencia. Las redes son un supermercado: tomas lo que te gusta y dejas en el estante lo que no te agrada. Planteaba Diana Calderón en una de sus columnas de El País de Madrid, que mientras en otras latitudes las redes eran motores de cambios sociales y puentes de contacto para la transformación, aquí, en Colombia, sirven para insultar, confundir y calumniar”.

¿Ya hizo las paces con Hollman Morris o siguen a metros…?

“Nunca hemos sido amigos, pero en alguna época respeté su trabajo. Esa cosa horrible que es la política y la militancia le han desdibujado el norte. En lo personal no tengo nada contra él, pero tampoco comulgo con su ideario y menos con algunos de sus amigos. La lupa y la crítica se la aplicaré cada vez que maneje recursos públicos. De resto, es como si fuera Betelgeuse: todo lo que de él emana está a 643 años luz de mí”.

¿Qué comentarios le hacen en los pasillos de Caracol con respecto a La Luciérnaga?

“La gente entiende que, en una empresa de tanta tradición como la nuestra, las marcas y los formatos no desaparecen porque alguien se va. Las sucesiones son sanas. Y son ejemplo de que hay futuro para quienes vienen atrás”.

¿Lo han llamado del departamento comercial para presionarlo por la pauta?

“Nunca. Siempre he mantenido una excelente relación con los comerciales, pero la pauta es la pauta y el contenido es el contenido. Y todos tan felices”.

¿Se puede saber de qué habló la última vez a puerta cerrada con Ricardo Alarcón?

“Me confesó que cuando era muy niño ya Arizmendi era un famoso periodista”.

¿Cuál es la crítica más ácida que le han hecho?

“El problema de este país es que confunde ofensa con crítica, de la misma manera en que confunde paz con impunidad, independencia con rebeldía, devoción con fanatismo o protesta con vandalismo. Somos, como dice Marcos Peckel, un país tremendamente frágil”.

¿Y el toquecito de hombro más elogioso?

“Regresaba de Foto Japón con unas fotos inmundas para el pasaporte y ‘La Fiera’ dijo: ‘¡Cómo te ves de churro!’. Creo que hemos estado posponiendo mucho su operación de los ojos”.

¿Cuándo comienza la gira de La Luciérnaga por diferentes ciudades y regiones del país, como lo habían anunciado?

“Estaba programada para mitad de año, pero quizás arranquemos antes. La idea es tratar de sincronizarnos para viajar con otros programas de la cadena y que en las ciudades, además de la emisión normal, tengamos show en auditorio, para que la gente vaya a ver a los talentos del programa”.

Si de la cúpula de Caracol le dijeran que se hace necesario el retorno de Gardeazábal, ¿cómo cree que reaccionaria?

“Escenario bien remoto, entre otras porque supongo que se lo deben estar peleando con intensidad otras cadenas y medios”.

¿Cómo hace para digerir los desabridos chistes del ‘Cuentahuesos’?

“El día en que ‘Alerta’ cuente un chiste bueno, le pediremos su renuncia”.

¿Y las estridentes carcajadas de ‘Risa Loca’?

“Si la risa es loca, ¡no puede sonar cuerda!”

¿Más llevadera la risa de ‘Pasculito’?

“La risa de Pascual da cárcel en algunas legislaciones”.

¿Qué tal como coequipera Claudia Morales?

“Gran periodista, confiable compañera y de una ética a prueba de taladros”.

¿La monitorea cuando le deja sus palomitas en la conducción del programa?

“El que dirige, dirige. Ella verá como hace el programa, qué música pone, a quién le pregunta y qué prioridades maneja. La última vez me fui oyendo el programa camino al concierto de Ringo Starr y sonó muy bien sin mí”.

¿Cuál de todas las imitaciones del equipo es la que más le hace mover la poltrona de la risa?

“Hay muchas buenas, pero me gustan Roy Barreras, Salud Hernández, Leonel Álvarez, Charly García, Alejandro Ordóñez, Jorge Robledo, Martín de Francisco, Jorge Luis Pinto y todo lo que haga ‘Alerta’ con la palabra ‘amiguito’”.

A propósito, déjeme comentarle que el personaje más creativo, repentista y desenfadado, en mi modesta opinión,  es ‘Tuiterpam’. ¿Quién lo interpreta? ¿El libreto también lo escribe él?

“Tiene usted un excelente gusto, pero déjeme decirle que ‘Tuiterpam’ es ‘Tuiterpam’. Lo hace magistral 'Lokillo' y dice lo que piensa y escribe. Es un tipo brillante, aunque un poco extravagante en las pintas, de rara cercanía con ‘Corozo’”.

¿Nunca pensó en contar con César Augusto Londoño para su equipo en La Luciérnaga? El hombre bota buena corriente y con usted hace buen equipo ante micrófonos. ¿No le parece?

“El día que se antoje lo recibo con los brazos abiertos. Cuando Julio aseguró en La W que César sería el sucesor de Pelaéz, me pareció una magnífica elección”.

Sabe quién es un tipo bien dateado, inteligente y con sobrada chispa: Héctor Mora (el viajero). ¿No ha pensado que podría ser un gran aporte en La Luciérnaga?

“Lo admiro desde pequeño: él nos mostró el mundo a los de mi generación. Y es parte de La Luciérnaga: es un consejero permanente. Lo escucho y lo acato”.

Desde que le recibió a Peláez en diciembre, ¿se ha vuelto a hablar con él?

“Nos encontramos una vez en Caracol Radio. Fue muy amable. Él está en sus cosas, en su Pulso del Fútbol y en su Café Caracol, dedicado por entero a su pasión deportiva y desconectado del mundo luciernaguero. Aunque tenemos criterios diferentes sobre esto o aquello, es un tipo de admirable rectitud y con un don único para conectarse con las audiencias. Cuando quiera pasar por La Luciérnaga, esa siempre será su casa”.

Después de las arduas jornadas diarias, que es de imaginar debe librar, ¿a qué horas está buscando cobijas?

“Duermo tarde, a eso de las doce de la noche. Soy criatura nocturna”.

¿Qué hace para espantar los insomnios?

“¡Jamás los espantaría! Son muy útiles para leer, oír música o ver películas”.

¿Lo ha cogido un lunes de madrugada con el ojo abierto y oyendo ‘Así canta Colombia’ en la voz Gabriel Muñoz López?

Don Gabriel es uno de mis héroes personales. Él lo sabe bien, y cada vez que hace algo, abro la oreja para que me entre todo”.

Gustavo, capitán a babor, buen viento y buena mar. Tenga fe de que el barco ya no se hunde. Tres meses tampoco son suficientes como período de prueba en La Luciérnaga. Pero ¡ojo! con los de la tripulación, sobre todo con los más cercanos, que suelen ser los más peligrosos. Acuérdese lo que le pasó a Jesús por confiarse demasiado de Judas, con beso incluido.

“Confío en Judas… pero en Tadeo, ¡nunca en Iscariote!”.
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